Con esta guía tendrás una primera aproximación a lo que son los acumuladores y a si pueden ser la opción más adecuada para tu vivienda. Empezamos explicando qué es un acumulador de calor.
¿Qué son los acumuladores?
Un acumulador de calor es un sistema de calefacción eléctrica que funciona como una batería térmica: calienta un núcleo de materiales cerámicos o refractarios durante las horas en las que la electricidad es más barata (normalmente por la noche) y después va liberando ese calor almacenado de forma gradual y constante a lo largo del día. Así mantiene una temperatura confortable sin consumir electricidad en las horas en las que la energía es más cara, normalmente durante el día.
Tuvieron un gran éxito hace años, cuando las tarifas nocturnas los convertían en una opción muy competitiva. Aunque hoy están menos extendidos, las nuevas tecnologías que incorporan pueden hacer que sigan siendo una opción adecuada en muchos casos. Vamos a conocerlos mejor para saber si son la opción adecuada para tu vivienda.
Tipos de acumuladores
Estáticos: ideales para una emisión constante y homogénea. Son más sencillos, económicos y silenciosos. Perfectos para dormitorios o estancias pequeñas, donde el calor debe ser suave pero duradero.
Dinámicos: pensados para espacios más amplios. Incorporan un ventilador que reparte el calor por estancias de mayor tamaño y permite regular cuánto calor se libera en cada momento.
Solares: la opción pensada para viviendas con placas solares. Aprovechan el excedente de la energía que generan las placas y lo guardan en forma de calor. Normalmente combinan la carga desde la red eléctrica con la de esos excedentes, por lo que pueden suponer un ahorro frente a los acumuladores más tradicionales.
¿Cómo almacenan el calor?
El secreto está en su interior. Un acumulador eléctrico no es solo una carcasa de metal con una resistencia: dentro tiene un núcleo de acumulación.
- El núcleo (material refractario): el interior está formado por bloques cerámicos o ladrillos refractarios de alta densidad. Este material tiene una gran inercia térmica: puede absorber muchísimo calor sin dañarse y, lo más importante, tarda mucho tiempo en soltarlo. Por eso podemos dejarlo cargando durante horas por la noche, cuando la electricidad puede ser más económica, y después dejarlo apagado liberando el calor durante el día, cuando la electricidad sería más cara.
- El proceso de carga: mientras el acumulador está en fase de carga, una resistencia eléctrica calienta estos ladrillos hasta temperaturas muy altas. Es como cargar una «pila térmica».
- El proceso de descarga: una vez cargados, la electricidad se corta (o se reduce al mínimo), pero los ladrillos siguen calientes. El aparato va soltando ese calor al ambiente de forma natural (por radiación) o con un ventilador, y mantiene la habitación caliente sin estar consumiendo electricidad constantemente.
¿Qué potencia elegir?
La potencia de carga de un acumulador no es un valor fijo: depende directamente del tiempo disponible en tu tarifa eléctrica (periodo valle). El principio es sencillo: cuanto más tiempo de carga tengas, menos potencia eléctrica necesitará el aparato para cargarse.
- Modelos de 8 horas (carga rápida): están diseñados para acumular energía en periodos cortos. Necesitan una resistencia de más potencia para completar la carga en menos tiempo, lo que exige una instalación eléctrica capaz de soportar picos de demanda más altos.
- Modelos de 14 horas (carga lenta): aprovechan periodos valle más largos para cargarse poco a poco. Al usar resistencias de menos potencia, el consumo se reparte de forma más suave; son la opción ideal para viviendas con instalaciones eléctricas más justas o cuando se quiere evitar subir la potencia contratada.
Regla de oro: no elijas el tipo de carga fijándote solo en el aparato, sino en tu tarifa eléctrica. Si tu compañía te ofrece, por ejemplo, 10 horas de precio valle, elige un equipo de 8 horas: así te aseguras de que el acumulador complete su carga antes de que suba el precio de la electricidad.
Ejemplo: habitación de 10 m²
Como regla general, con un aislamiento estándar se calculan unos 100 vatios por m²; es decir, unos 1.000 W para esta habitación. Veamos qué acumulador buscar según tus horas de carga (el periodo valle de tu tarifa):
1. Si tu tarifa permite 8 horas de carga (carga rápida)
Necesitas un acumulador capaz de cargar esos 1.000 W de capacidad en solo 8 horas.
- Potencia del equipo: un modelo de unos 1.000 a 1.200 W de carga nominal.
- Aviso: este aparato «pedirá» mucha energía de golpe. Asegúrate de que no haya otros electrodomésticos potentes (horno, lavadora, secadora) funcionando en ese mismo horario nocturno, o saltará el limitador de potencia.
2. Si tu tarifa permite 14 horas de carga (carga lenta)
Aquí tienes más margen de tiempo, así que el acumulador es menos exigente con tu instalación.
- Potencia del equipo: un modelo de unos 600 a 800 W de carga nominal.
- Ventaja: al cargarse más despacio, el consumo se reparte mejor y puedes necesitar menos potencia contratada.